La ciencia, los medios sociales y yo

Quiero compartir con vosotros la razón por la que a mi edad “aterricé”  en este lío de los Medios Sociales. Tenía 50 años cuando empecé a asomar la nariz en ellos a un nivel más profesional. ¿Fruto de la casualidad? Yo no creo en la casualidades aunque si en las causalidades, pero este tema merece un post donde os contaré cosas sorprendentes que me han pasado, alguna de ellas difíciles de explicar con una mente científica.

En 1º de BUP tuve un profesor de Ciencias Naturales en el CEU de Montepríncipe, Luís Vicente, que nos explicó la asignatura con tal pasión que consiguió que me enamorara de ella. Me pareció un mundo fascinante el de la naturaleza, los seres vivos, la vida en sí. Desde entonces tuve bien claro lo que quería estudiar: Biología. Recuerdo que mi padre quería que estudiara Farmacia o Químicas, quizás con la idea de que algún día entrara a trabajar en el Laboratorio de Aduanas (él fue Inspector de Aduanas), pero afortunadamente al ser la 5ª de 9 hermanos le debí pillar cansado y no fue muy insistente. Realmente tengo que agradecer a mis hermanos mayores el camino que me abrieron, pues el pressing al que fueron sometidos ellos no tiene nada que ver con lo que a mi me tocó vivir.

Cuando empecé la carrera de Biología pensaba que después me quedarían ganas para complacer a mi padre estudiando Químicas y/o Farmacia (carreras que también me gustaban, lo confieso), pero no fue así y no sólo porque él falleció justo cuando acabé la carrera (junio de 1986), siendo la primera de los 9 hermanos en acabar mis estudios, sino porque ya no me quedaban ganas de seguir estudiando. Me casé a la semana de su fallecimiento y empecé a trabajar en la Estación Biológica de Doñana (CSIC), concretamente en la Reserva Biológica, con 24 añitos. Aquello es el paraíso con el que sueña todo Biólogo-Zoólogo. Por cierto, la carrera la estudié en la Facultad de Biología de la Universidad Complutense de Madrid y tuve la fortuna de tener dos profesores estupendos en la especialidad de Zoología, José Luis Tellería y Tomás Santos. Estuve cerca de 20 años trabajando en Doñana y llevando la Oficina de Anillamiento de Aves.

Charina en Doñana tesina lechuza

En octubre de 2005 me vine a vivir a Mallorca, con mi segundo marido y empecé a trabajar en el Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (CSIC-UIB). Parece que una está destinada a seguir a sus maridos allá donde ellos estén. He de confesar que aunque es difícil dejar atrás un trabajo como el de Doñana, la vida a veces nos impulsa a ir por otros derroteros y Mallorca también es un paraíso, con mucha menos biodiversidad, eso si, pero no se puede tener todo en esta vida.

Charina en el despacho del Imedea

En junio de 2012 una amiga de mi amiga Encarna que necesitaba horas de prácticas para finalizar su master de Coaching, se ofreció a Coachearme gratis (gracias amiga Isolde, algún día podrías llegar a ser una pieza clave en el rumbo que tome mi vida, quien sabe). Isolde me ayudó a ver lo mucho que me apasiona el mundo de los medios sociales como herramienta de comunicación y “casualmente” me surgió la oportunidad de hacer, en septiembre de ese mismo año, un mini curso de 70 horas de Community Manager en la CAEB. Ese cursito me serviría de “aterrizaje” en esos medios y aunque muy básico, empecé a darme cuenta de lo mucho que me apasionaba el tema.

Community Manager CAEB

Todo ello sumado a la crisis profunda de la Ciencia en España y más concretamente de su buque insignia, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en el que llevo trabajando desde 1986, hizo que me animara a dar ese paso hacia los Medios Sociales y  matricularme ya en un señor curso de Community Management de la FUNED de 500 horas, que duró desde febrero hasta junio de 2013 (el dinero que mejor he invertido en los últimos años). He de confesar que lo que verdaderamente me impulsó a hacerlo fue el temor a la posibilidad de encontrarme en cualquier momento con 50 años y sin oficio ni beneficio, al no ser personal funcionario sino laboral fijo y teniendo en cuenta la situación crítica que atravesaba entonces el CSIC. Mientras hacía el curso de FUNED también me apunté a otro de Comunicación Científica: “Abriendo la Ciencia“, organizado por Obra Social La Caixa, en el cual presentamos el proyecto: “Tu científico de cabecera”, teniendo como tutora a Patricia Fernández de Lis (entonces directora de MATERIA y ahora también Redactora jefa de Ciencia y Tecnología de EL PAÍS). Y ahí fue donde me di cuenta de que la Ciencia necesitaba urgentemente ser divulgada para llegar a todo el mundo, y no sólo a los especialistas o a los ya de por si interesados en ella.

Diploma CMFuned

El curso de Community Manager me ha ayudado a darme cuenta de lo importante que es saber gestionar las redes sociales, incluso las tuyas propias. Es más, creo que TODOS deberíamos aprender a gestionarlas bien. No se si en los colegios hay alguna asignatura que lo enseñe, pero si no es así, deberían hacerlo. Aprendes a compartir, a respetar a los demás (sus ideas, sus puntos de vista, etc), a gestionar crisis e infinidad de cosas más, todas ellas aplicables a la vida diaria.

Cuando aprendes a gestionar bien los medios sociales te choca que haya algunos Community Manager tan nefastos llevando según que redes sociales, no sólo de pequeñas empresas, sino incluso de grandes instituciones. Esos que sólo comparten su propio contenido, que se llega a hacer cansino, sin dar visibilidad a otros que comparten cosas de su sector igual o incluso más interesantes que las suyas propias. En el curso de CM de FUNED aprendí que actuar así es SPAM puro y duro. Lo que me sorprende es que algunos de ellos tengan tantos seguidores. En fin, que está muy bien pero esa no es la filosofía de las redes sociales, sino que hay que ser generoso, como dice el amigo TaxiOviedo.

Tweed de TaxiOviedo

Hasta ahora no me he visto en la necesidad de recurrir al Community Management para subsistir y me he limitado a ayudar a amigos con sus redes profesionales. Realmente el trabajo del Community manager es un “marrón”, no por el trabajo en si, que me gusta, sino por la de tiempo que hay que invertir en él para hacer un buen trabajo y ser un buen profesional.

Esta semana me ha sido muy gratificante la mención que se me ha hecho en el blog de la Asociación Española de Comunicación Científica (AECC), en su post “MUJERES CIENTÍFICAS EN TWITTER: EXISTEN“, por estar la número 12 de su ranking de mujeres científicas en Twitter. No se, por fin me he sentido útil compartiendo y divulgando y eso me gusta. Como me decía uno de sus autores, Oscar Menéndez, es a mis seguidores en Twitter a los que tengo que agradecer esta mención y no a ellos, los autores del post (Ángela Monasor, Esther Paniagua y Óscar Menéndez). Pero personalmente estoy muy agradecida a todos ellos (autores y seguidores). Millones de gracias por la mención en tan relevante blog y millones de gracias a mis seguidores, porque entiendo que me siguen por considerar interesante lo que comparto.

Me encanta COMPARTIR y si de paso soy útil con la divulgación de la tan maltrecha ciencia de este país, pues mejor que mejor. ¡Ojalá pudiera ser más útil!

 

Adiós, hermana, hasta siempre

Querida Cova,

Ayer hizo una semana de tu fallecimiento y aun no me puedo creer que nunca más volveremos a verte (al menos en esta vida). Tengo una sensación extraña, porque siento una especie de alegría por ti, al liberarte al fin de la tortura de este doloroso cáncer, que te ha tenido prácticamente inmovilizada en cama estos últimos 7 meses y pico.

CovaMamáyYoDespués de casi toda una vida distanciadas, el universo quiso que a principios de 2013 empezáramos a conectar y llegáramos a hacernos amigas. Todos estos meses ha habido tanta complicidad entre nosotras, que ahora el vacío es aún mayor. Hemos podido aclarar los malentendidos que nos habían distanciado tanto, sobre todo en la última etapa. Todo ello fruto de la incomunicación.

Fuiste la única de los 8 hermanos que faltó a mi segunda boda y ya te he dicho cómo te eché en falta. Recientemente me has explicado el por qué. Incomunicación.

Apenas me quedan lágrimas para llorar tu muerte y es que llevo desde finales de noviembre sin parar de hacerlo. Te pedí que me contaras a diario tus dolores, tu sufrimiento, para de alguna manera compartirlo y sufrirlo contigo. Aunque he ido atenta para que tu pena no me invadiera, te confieso que no he podido evitar ser en ocasiones un poco “ceniza” y llorarte con la gente más próxima a mi.

Estos meses he admirado la entereza con la que has llevado la enfermedad. Con tus pequeños (y escasos, creo) momentos de “pánico” y es que no era para menos, con un cáncer de vejiga con metástasis en músculo y en hueso. Pero siempre has estado convencida de que lo vencerías, hasta el último instante.

He buscado como loca unas últimas “instrucciones”, pero ni rastro. ¿Será posible que te hayas ido de este mundo sin hacerlo, tu que lo has tenido siempre todo bien atado?

Creo que te has apoyado en mí desde el principio de este tercer brote de la enfermedad , con la que llevabas luchando la friolera de 16 años, porque viste que respetaba tus decisiones ante ella.

Nunca te quisiste dar químio y siempre lo he respetado porque ni yo misma se que habría hecho en tu lugar. Has probado todo tipo de medicina alternativa, alguna de ella “brujería” pura y dura (como yo le llamaba y que a ti no sólo no parecía importarte, si no que incluso te reías conmigo).

Pero todo ha sido en vano y finalmente la enfermedad pudo contigo. Te agotó, te extenuó y mira que has luchado como una jabata. ¡Que perseverancia! ¡Cómo te he admirado todos estos meses!

CovaComuniónConPapáMamáMiguel

Con sólo 55 años y tanto por vivir… ¡No es justo! Aunque…¿quién ha dicho que esta vida sea justa? No, no lo es. Nuestro padre también murió joven, con 57 años. Ahora, leyendo tus diarios para intentar entenderte y acercarme más a ti, veo que tristemente nunca llegaste a superar su muerte y que la tuya ha sido una vida con una necesidad imperiosa de amor, que finalmente no pareces haber encontrado.

Ojalá hubiera habido más comunicación entre nosotras. Te habría ayudado, hermanita. Las cosas no siempre eran cómo tu las percibías. Te costaba un montón ponerte en el lugar del otro. Y eras tan tajante y tan exigente… Pero no sólo con los demás, también contigo misma, lo que es peor aún.

No, hermanita, nunca fallaste a nuestro padre y me consuela pensar que ahora estás con él y que por fin sabes de sobra que así es. Siempre podríamos hacer más de lo que hacemos por nuestros seres queridos, pero ¿dónde está el límite?CovayYoPeques

Yo misma me culpo de no haberme cogido antes las vacaciones para estar contigo cuando más me necesitabas (llegué a tus últimas 3 horas y pico de vida y por los pelos). Lo cierto es que no quería quedarme sin días para el triste final y es que era tan difícil calcular el tiempo que te/nos quedaba…

Necesitaba saber que no morirías sola. Que yo estaría ahí acariciándote, dándote la mano y diciéndote cuánto te quería. Estabas muy inquieta, intentabas decirme cosas que no logré entender, ¡que rabia! De pronto abriste los ojos muy grandes mirando al techo y pensé que debías estar viendo a nuestro padre. Y de pronto me miraste a mi.

Yo encima te cogía la mano y te decía: “Ojalá hubiera podido hacer esto mismo con papá” (acariciarle, cogerle la mano…). Pero entonces yo era demasiado joven (tenía 24 años) y supongo que debía estar muy asustada.

También te dije, acariciando tu mano: “Qué tontas hemos sido… 50 años para llegar a esto…”. Lo cierto, hermanita, es que estoy satisfecha de que nos hayamos reencontrado, aunque tarde. Y ahora te siento incluso más cerca.

CovaNiñaUn mes antes de tu muerte escuchábamos juntas el disco que te regaló por tu cumple nuestro hermano mayor, “To be loved”, de Michael Bublé y las dos coincidíamos en las canciones que mas nos gustaban. Precisamente “Close your eyes” es la que más. Quién me diría que en un mes escaso estaría acariciándote la frente y diciendote: “Cierra los ojos y descansa”…

Debes estar revolucionando el universo, “pizpireta” (como te ha llamado uno de tus amigos) y me consta que así es, porque no paras de mandar señales (algunas de ellas absolutamente inexplicables para una mente científica).CovaRománico 

Has sido “genio y figura”, toda carácter, pero, como en más de una ocasión me dijo nuestra madre: “Covadonga será lo que sea, pero es toda corazón”. Y así lo creo yo también.

Afortunadamente la enfermedad de nuestra madre ha impedido que sea consciente de tu muerte. Se limitaba a decir: “Hay que ver, esa pobre mujer, la de meses que lleva en cama…”. No ha preguntado qué ha sido de ella. Y lo cierto es que justo ahora parece verte por la casa y le pregunta a su cuidadora: “¿Donde va Cova?”

Nuestro padre habría cumplido años el día 10 de abril y tu te fuiste el 9. ¡Casi lo clavas, hermanita!

¡Descansa en paz! TE QUEREMOS

CovayYo

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El cuidado de nuestros mayores

Me encuentro en ese momento de la vida en que, habiendo perdido a mi padre a la temprana edad de 57 años (un cáncer se lo llevó…), tengo una madre con 81, que en ocasiones no me reconoce.

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Aún no sabemos qué es lo que tiene. La avanzada medicina aún no ha sido capaz de mojarse al respecto. Tiene toda la pinta de ser Alzheimer, pero que más da. En definitiva su cerebro se va formateando poco a poco y sus recuerdos se van borrando del más reciente al más antiguo. Se ha convertido en una persona a la cual no reconocemos. Es una enfermedad absolutamente terrible donde tengo mis dudas sobre qué parte es la que sufre más, si ella en su mundo sin recuerdos o nosotros, que recordamos lo que ha sido y ya no es. Hace años, mi amigo y ex compañero de Doñana, Miguel Delibes (hijo), cuyo padre también acabó siendo un extraño para sus propios hijos, me aseguraba que era aún más duro para los familiares que para el propio enfermo. En aquél momento me pareció terrible lo que aseguraba, pero es algo que hasta que uno no lo vive no lo llega a entender del todo.

Estoy en el aeropuerto de Madrid, esperando mi vuelo de regreso a Palma de Mallorca, donde vivo actualmente. He pasado un duro fin de semana con mi madre, que vive aquí, en Madrid y con mi hijo, que se ha desplazado desde Sevilla, donde estudia y vive actualmente. Creía que ya nada podría hacerme flaquear desde que estas Navidades, estando a solas con mi madre en su casa, ella se empeñó en llamar a la policía porque yo le era una auténtica desconocida. Entonces debí haberme quitado de su vista y esconderme. En lugar de hacerlo, la abracé llorando recordándole que yo era su hija Charina, pero fue en vano. Fue tan duro que no tengo forma de expresarlo con palabras…entonces me pareció tan inaudito que no pude evitar tener sentimientos de enfado hacia ella, pobre.  El caso es que no me ha vuelto a ocurrir. Aunque no parece saber bien quien soy, sí le sigo siendo familiar y parece gustarle mi compañía. A ver hasta cuando, aunque creo estar preparada para cuando vuelva a ocurrir.

Lo cierto es que cuando ya creía tener la situación bajo control, ocurrió algo que me volvió a descolocar. Ayer sábado me destrozó el alma, el corazón y todo lo que tengamos que guarde un mínimo de sentimientos y emociones. Estábamos solas en la cocina manteniendo una conversación surrealista, pero conversación al fin y al cabo. Hace ya tiempo que en ocasiones no reconoce la casa en la que vive desde hace más de 40 años y cuando eso ocurre, nos pide que la llevemos a su casa de Navia (Asturias), donde nació y pasó parte de su infancia y juventud. El caso es que ayer, de pronto la vi que se tapaba la cara con las manos y rompía a llorar desconsoladamente. Cualquiera que me conozca mínimamente sabe que yo no puedo ver llorar a alguien y no acabar igual. Soy así, de lágrima fácil. Es algo contra lo que llevo luchando toda una vida hasta que me he dado cuenta de lo saludable que es no ahogarse en la tristeza y sacarla en forma de lágrimas. Lo cierto es que también he llegado a llorar de alegría, sobre todo por los demás. Es realmente gratificante ver a la gente feliz, como es absolutamente terrible sentir la tristeza de los demás. Bueno, pues volviendo a mi madre…lloraba desconsoladamente porque se sentía sola y quería que llamase por teléfono a Navia para ver si ella podía irse para allá. Decía que estaba dispuesta a ayudar en la botica en lo que fuera (de joven hubo un tiempo en que ayudaba en la farmacia de su padre). Pobrecita, no se daba cuenta del estado en que se encuentra. Camina con muletas y en ocasiones hasta hay que ayudarla a levantarse. Aproveché la coyuntura para abrazarla, besarla y decirle cuanto la quiero. La pobre nunca fue cariñosa con ninguno de sus 9 hijos, como tampoco nos permitió que lo fuéramos con ella. Mi padre nos pedía un beso de buenas noches, pero ella nos decía que no hacía falta que se lo diéramos (curioso a la par que terrible, ¿no os parece?). No me meto en razones, pero entiendo que cuando pierdes a tu madre con 5 años, como fue su caso y te mandan a vivir con dos tías tuyas hasta los 10 años, lejos de tu padre y de tu montonazo de hermanos (7 u 8, creo, por aquel entonces) ahí ha faltado la figura de una madre en una edad muy critica. Por tanto, si algo positivo tiene todo esto, es que en ocasiones estoy pudiendo darle el cariño que siempre he querido darle (y recibir) y no he podido. Tiene momentos huraños en los que quiere estar sola, pero también muchos en los que pide a voces atención, compañía, cariño. En ese aspecto, me vuelvo pletórica a Mallorca tras haber podido vivir una experiencia así. Haber podido estar consolándola cogiéndole la mano, acariciándola, tranquilizándola, abrazándola, besándola…no, realmente no tiene precio. La experiencia ha sido tan triste como gratificante.

Quiero pediros a todos los que tenéis a vuestros mayores con necesidades de atención, vuestra ayuda y cariño para con ellos. Que no los abandonéis, que no os justifiquéis diciendo que os debéis a vuestra actual familia (es decir, a vuestra mujer/marido e hijos). Es una postura fácil, cómoda y egoísta. Así no sufres y te proteges. Lo cierto es que nuestros hijos aprenden de lo que ven y viven, o sea, del ejemplo que les damos, por lo que es bastante probable que el día de mañana ellos hagan contigo lo mismo.

Considero que no es de humanidad dejar a nuestros mayores en la estacada. Ellos que han sufrido y se han sacrificado mucho para que nosotros seamos las personas que ahora somos. Cuantas noches habrán pasado sin dormir por nuestra culpa. Cuantos quebraderos de cabeza y preocupaciones les habremos dado. Lo habrán hecho mejor o peor, pero lo han hecho con la información que a su vez recibieron de sus padres.

Una sociedad que abandona a sus mayores es una sociedad despiadada y no merece ningún respeto por mi parte.

Sólo lamento no vivir cerca de mi madre para darle mas cariño y atenciones y a su vez descargar a esa parte de mi familia, a esos pocos hermanos, que tanto están sacrificando por ella.

¿Mi sueño? Que todos estuviésemos ahí, a pie del cañón, sin que nadie nos lo tuviera que recordar, porque esto es algo que uno tiene que hacer por iniciativa propia, ha de ser un acto voluntario. Lo cierto es que nadie tiene derecho a juzgar lo que hacen o dejan de hacer los demás, porque siempre habrá motivos por los que podrían juzgarnos a nosotros, ¿no os parece? Pero por favor, tened compasión de vuestros pobres e indefensos mayores, que son como niños desorientados en demanda de muestras de afecto y cariño, que cuando nos hacen daño no son conscientes de ello y que son tan agradecidos

Para mi esta ha sido la experiencia más gratificante en años.

Deseo de corazón haber removido conciencias, porque verdaderamente esa era mi intención.

¿Amor, energía o fenómeno paranormal?

Hace tiempo que quería compartir este post con vosotros sobre algo increíblemente maravilloso que me pasó hace 3 años. Me consta que no soy la única persona en el mundo a la que le ha pasado algo así y al parecer sólo te ocurre una vez en la vida. Para los que no me conocéis os diré que soy bióloga y trabajo desde hace 25 años en un centro de investigación del CSIC, por lo que cosas así, me chocan aún más. Os cuento.

Hace tres años mis adorables amigas “brujitas” (en sentido cariñoso, claro) me regalaron por mi cumple una sesión de reflexología podal con meditación. Mi cumple fue el 4 de junio y la persona que debía hacérmelo debería haberme llamado el mismo día de mi cumple, pero se debió olvidar. Fui yo la que la llamó al cabo de varias semanas . Una de mis amigas me aconsejó que eligiera un lunes para hacerme la sesión y estar relajada toda la semana, pero mientras concretaba la fecha y hora por teléfono, se me ocurrió que mejor un sábado, para así estar relajada el fin de semana.

Recuerdo que llegué al sitio, Mandala y aparqué en la misma puerta (algo complicado un sábado por la mañana, con el mercado de Pedro Garau muy cerca del sitio). Pensé que empezaba el día con buen pie y eso que aún no sabía lo que estaba por venir.

Nunca antes me habían hecho una reflexología podal ni una meditación guiada. Yo sola si he hecho meditaciones en casa, aunque hacía tiempo que no encontraba momento para hacerlas. La persona que me la hizo se llama Begoña Almazán.

El proceso fue el siguiente: me senté en un sillón muy cómodo, con las piernas elevadas. Begoña apagó la luz y nos quedamos en penumbra, a la luz de las velas. Puso de fondo, muy bajito, una música relajante a base de sonidos de la naturaleza y empezó una meditación guiada mientras tocaba puntos concretos de mis pies. Jamás me había relajado tanto, fue una experiencia inolvidable. Casualmente (yo no creo en las casualidades, pero vaya…) la meditación que Begoña eligió ese día consistió, entre otras cosas en que el mar me acercaba un cofre que yo llenaba con todo aquello que no quería nunca más en mi vida (recuerdo que lo puse a rebosar) y se lo llevaba mar adentro, alejándolo de mi para siempre. Luego yo iba caminando por la orilla del mar y de pronto a lo lejos veo a dos personas que se acercan y resultan ser mis padres. Primero me acerco a mi padre, le abrazo y le digo cuanto le quiero. He de confesar que en ese momento empezaron a caérseme las lágrimas sin ningún control. Recuerdo que pensé que no importaba porque como estábamos en penumbra, Begoña no me podría ver. De pronto ocurrió algo que a punto estuvo de hacerme abrir los ojos, pero estaba tan a gusto que pensé que mejor no, no quería romper el encanto de ese momento mágico. Pensé que ya le preguntaría luego a Begoña. Pero ya no recuerdo más. Debí entrar tan profundamente en la meditación que dejé de ser consciente. Según Begoña la meditación continuó y luego abracé a mi madre. Cuando acabó la meditación tenía todo el cuerpo tan entumecido, que me costó volver a recuperar el movimiento. Jamás había llegado a esos extremos. Entonces Begoña (a la que acababa de conocer ese día) me preguntó si me podía hacer una pregunta muy personal. Le dije que si, que sin problemas. Entonces me preguntó si se me había muerto algún ser muy, muy querido. Le dije que no (tremendo despiste el mío…). Ella insistió: “¿pero seguro que no se te ha muerto ningún ser querido?”. Le dije que como no fuera mi padre, que había muerto hacía veintitantos años… Entonces ella me preguntó: “¿pero es que no te has dado cuenta de lo que ha pasado?”. En ese momento recordé lo que había ocurrido. Le dije que si, que justo mientras abrazaba a mi padre y le decía cuanto le quería una luz súper potente me iluminó el rostro, pero en lugar de ser algo desagradable, fue algo impresionantemente placentero y bonito que me hizo sentir muy bien. Begoña me dijo que ella se quedó impresionada también, que miró detrás suya para ver si alguien había abierto la puerta, pero la puerta estaba cerrada. Miró las velas, que aunque tenían más llama, estaban en un lateral y era imposible que su luz fuera la que caía de esa manera justo encima de mi. ¡Guau!, se me pusieron los pelos de punta y recuerdo que me emocioné y lloré. Sólo hacía unos meses que gracias a una terapia había logrado resolver un conflicto atascado precisamente con él, mi padre. ¡Uf, fué como quitarme un mochilón de encima!

A los dos días de ocurrirme esto, o sea, el lunes, estaba lavándome los dientes con mi marido al lado y recuerdo que de pronto le pregunté: “¿qué día es hoy?”. Me contestó que 28. Entonces le miré perpleja, cómo si acabara de ver a un fantasma y le dije: “¿entonces el sábado era 26?…”

Mi padre falleció de cáncer de linfa el 26 de junio de 1986, cuando yo tenía 24 años (el día de la reflexología hacía 24 años de su muerte). ¿Casualidad? Yo no creo en las casualidades. No recuerdo haberle dado en vida un abrazo así, ni haberle dicho cuánto le quería. Después de esto, veo que nunca es tarde (aunque si podemos hacerlo en vida, mejor, que mejor). Papá, allá donde estés, ya sabes cuánto TE QUIERO.

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Mis amigas “brujitas” sin saberlo me habían hecho el mejor regalo que jamás nadie me podía haber hecho. Tampoco fue casualidad. Gracias, amigas. ¡Os quiero!

¿Cuánto vale tú tiempo?

La verdad es que, hablando de tiempo, no es que ande muy sobrada de él justo en estos momentos, pero acabo de leer un tuit con el hashtag “#gratisnotrabajo” y no me he podido contener. El tuit tiene un enlace al post “Cuando la economía de guerra te hace pedir a un freelance que trabaje (casi)gratis” cuya lectura os recomiendo.

El valor del tiempo

Lo cierto es que es un tema que hace tiempo que ronda mi cabeza. Pienso en ello cada vez que alguien me pide que le dedique mi tiempo para echarle una mano, mientras él factura cada vez que dedica el suyo a alguien. Siempre me quedo con las ganas de preguntarles a esas personas cuánto creen que vale una hora de su tiempo y por lo tanto, del mío.

Lo mismo pienso de las personas impuntuales. Esas que nunca llegan a la hora. Supongo que porque creen que su tiempo es más valioso que el de quién les está esperando. Realmente es una falta de consideración tan grande, que no consigo entender que no lo vean.

Ahora que estoy “mas liada que la pata de un romano”, trabajando por las mañanas y haciendo un master por las tardes, me doy cuenta de lo valioso que es el tiempo de cada uno. Me he visto obligada a dosificar al máximo mi escaso tiempo libre.

Lo cierto es que hay gente que cree que ha venido a este mundo a “trabajar como un chino” (realmente los chinos trabajan de sol a sol, me consta) y/o amasar fortuna, aunque con ello limiten su tiempo de ocio a nada o casi nada. Bueno, tiene que haber de todo en este mundo y todas las posturas son muy respetables. Desde luego yo no soy uno de ellos.

El valor del tiempo

Cada día que pasa valoro más mi tiempo, y la cantidad de horas que estoy invirtiendo en aprender una nueva profesión, la de Community Manager, me hacen valorarlo aún más.

Resumiendo, me parece una falta de respeto cuando a uno se le pide “trabajar por amor al arte”. ¿A que arte?, ¿al arte qué tú tienes despreciando mi tiempo con respecto al tuyo?

La falta de tiempo

Bienvenido, Mundo

Hola Mundo, bienvenido a mi Blog.

En este espacio voy a compartir con vosotros mis aficiones, mis fotos, mis preferencias, mis vivencias, mis opiniones, mis recetas, etc. Siempre he pensado que tener un espacio donde escribir uno sus impresiones puede llegar a ser muy terapéutico.
Estudié Biología (especialidad Zoología) en la Universidad Complutense de Madrid.

Cuando terminé la carrera en 1986 empecé a trabajabar en la Estación Biológica de Doñana (CSIC), y mas concretamente en la Reserva Biológica de Doñana, en Almonte (Huelva) donde estuve hasta el año 2005 llevando la Oficina de Anillamiento de Aves.

El Parque Nacional de Doñana es un paraiso que hay que visitar. Si vas a hacerlo, te aconsejo que lo hagas en invierno o en primavera que es cuando mas bonito está, aunque conocerlo a lo largo de todas las estaciones también tiene su encanto.
Os pongo un vídeo que os va a gustar:

Desde el año 2005 trabajo en el Imedea (CSIC-UIB) como técnica del Servicio GIS.